Seguramente sabrán que los horarios una vez que entras a la carrera dejan de ser tan bonitos y organizados como eran cuando ibas en la primaria o secundaria, incluso en la prepa. Así que mi horario de este semestre estaba horrible, unos días sólo tenía una clase mientras que otros entraba desde las siete de la mañana y salía a las 6 de la tarde. Con un horario complicado, padres ocupados, y sin carro propio, tenía que hacer uso frecuente de los taxis del hospital. Se podría decir que para mitad del semestre ya conocía a todos los taxistas del hospital. Cada taxista era diferente al otro: está el taxista que SIEMPRE usa lentes de sol y se siente pro escuchando música de su celular y que nunca te quiere llevar porque "ya está apartado amigo" cuando tu sabes que es porque no quiere pasar por el tráfico del puente... está también el taxista que tiene el pelo largo y lacio baba, que se deja crecer la uña del dedo meñique de la mano derecha y que siempre tiene historietas de esas que venden en los puestos de periódicos tiradas en el piso. Está el que tiene una figura de la santa muerte en donde se ponen los vasos, y que en el vidrio tiene una estampa de la virgen y un rosario colgando del espejo. Y está el viejito.
Este último taxista es mi favorito, siempre está contento y se da cuenta de cuando tienes ganas de platicar y de cuando simplemente no quieres hablar con nadie. Pero siempre está contento. También me gusta que me toque viajar con él porque sorprendentemente le gusta escuchar música clásica o jazz, algo que, al menos en mi experiencia, no es común en un taxista.
El otro día me tocó que este señor me llevara, el señor comenzó a platicar de manera muy alegre como siempre lo hace. Acababan de pasar las vacaciones así que me preguntó sobre mis vacaciones, si había descansado, si había hecho algo. Y le contesté que todo había estado bien, pero cuando le pregunté sobre sus vacaciones y como estaba él, su cara cambió completamente. Tardó en contestar y a través del retrovisor vi como sus ojos se llenaban de lágrimas y dejaba de sonreír. Me dijo que su esposa se había muerto el fin de semana pasado y que se sentía mal.
No supe que contestarle, este era el señor que siempre estaba feliz y trataba de contagiarte de su felicidad siempre que viajabas en su taxi, el señor que al verte sabía quien eras y te saludaba. Tenía ganas de decirle algo que pudiera hacerlo sentir un poco mejor, tratar de hacer lo que él siempre hacía, contagiar un poco de su alegría para mejorar el día a alguien más... Simplemente no pude, lo único que salió de mi boca fue un "lo siento mucho."
Es horrible sentir esa impotencia de querer decir tantas cosas, o no decirlas, sino transmitir cierto sentimiento y no poder hacerlo. Siempre lees o ves películas en las que los diálogos son perfectos para la personalidad de los personajes y para la situación en la que se encuentran, pero cuando es tu turno para tratar de decir algo que realmente transmita lo que sientes a la otra persona, simplemente no sucede como te hubiera gustado o como lo imaginas en otro contexto.
Cuando tuve que bajarme del taxi, le pagué y me despedí de él deseándole que se cuidara y que estuviera bien, pero me sentía extraño, como con un vacío dentro.
Being Speechless sucks...
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"Will had no words, though his breast and his throath were full. He managed to say, "Thank you, Iorek Byrnison," but that was all he could say." (Philip Pullman, The Amber Spyglass)
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"Will had no words, though his breast and his throath were full. He managed to say, "Thank you, Iorek Byrnison," but that was all he could say." (Philip Pullman, The Amber Spyglass)
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